Cuando me encuentro contigo y me preguntas, sonriente, por mi salud, por mi gente, por mi vida y cómo sigo, yo, por costumbre, te digo, —aunque mal la esté pasando—, que estoy contento y bregando, que, aunque es duro, tengo fe; que no me falta el café, que «estoy bien, ¡y mejorado!»